
Los 854 millones de personas hambrientas y otros 100 millones más en riesgo de serlo no interesan a los países ricos. La cumbre de Roma ha fracasado y deja la vergonzosa sensación de que el drama de los más pobres no interesa a las grandes potencias. Mientras, Estados Unidos y Europa toman medidas represivas contra la inmigración, que está generada en gran medida por esta desigualdad. AGENCIAS Vergüenza, fracaso total, hipocresía, un nuevo paripé sin ninguna solución de fondo, millones de dólares gastados para una nueva cumbre que no ha servido de nada… Colectivos internacionales de todo signo y sobre todo las ONG salieron ayer con durísimos reproches para responder a la decepcionante conclusión el jueves por la noche de la cumbre de Roma. La campaña Derecho a la alimentación. Urgente denunció que las “soluciones milagrosas” propuestas durante la Conferencia de Alto Nivel sobre la Crisis Alimentaria Mundial celebrada en la capital italiana “ya estaban comprometidas desde la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 sin que se haya hecho nada para cumplirlas” por lo que se trata de “parches en lugar de verdaderas soluciones”.
Las ONG que integran la campaña, Prosalus, Ingeniería Sin Fronteras, Caritas y Veterinarios Sin Fronteras, lamentaron en un comunicado que “854 millones de hambrientos se quedarán esperando, una vez más, que los mandatarios de la comunidad internacional y los organismos multilaterales se comprometan, de manera real y efectiva, a acabar con el hambre en el mundo”. A su juicio, la conferencia organizada por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) para encontrar respuestas al escándalo del hambre “ha fracasado y ha puesto en evidencia que solucionarlo es una cuestión de voluntad política”. El principal motivo, según la campaña, “más allá de que los compromisos de desembolso de fondos hayan resultado inferiores a lo demandado desde la agencia internacional, es el hecho de que se ha desviado lo que debería haber sido el verdadero foco del debate”. Según estas organizaciones, “la FAO debería haber entonado un mea culpa por haber permitido que la situación haya llegado al punto actual” puesto que fue creada “con el mandato específico de garantizar la seguridad alimentaria del mundo”.
Durante la noche del miércoles y todo el jueves, las 183 delegaciones y las agencias de la ONU buscaron un acuerdo que resumiera 72 horas de discusiones y ofreciera una postura decidida. No fue posible. Los intereses nacionales lo impidieron. La resistencia de los países ricos a condenar las barreras comerciales y los subsidios evitó dar pasos en esa dirección. Mientras, Argentina y Rusia no quisieron oír hablar de liberalizar las exportaciones, y Buenos Aires insistió hasta el final en retirar la mención a las “medidas restrictivas que aumentan la volatilidad de los precios” si no se aludía a las políticas injustas de los países desarrollados. Brasil y Estados Unidos ganaron la batalla de los biocombustibles y evitaron toda alusión negativa. Cuba intentó sin éxito que se incluyera una referencia al respeto del derecho internacional y acusó a Estados Unidos de ser el único país que niega el derecho a la alimentación. Venezuela dijo que el documento final “carece del mínimo espíritu humanitario”.
La ONG Intermón Oxfam lamentó en un comunicado la falta de decisiones de fondo en la Cumbre de la FAO, aunque valoró irónicamente como “un primer paso importante” que los dirigentes presentes en Roma reconociesen que existe un grave problema con el hambre. Intermón mostró suspicacias respecto al compromiso de España de donar 500 millones de euros para paliar la crisis (sin precisar dónde y cuándo) y pidió a la Unión Europea y Estados Unidos que eliminen las metas obligatorias para la producción de biocombustibles. “El primer paso para resolver un problema es reconocer que existe. Los líderes de los países más ricos han reconocido la importancia de la ayuda oficial a la agricultura después de 25 años en declive. Han prometido dinero para proporcionar ayuda inmediata a los que la necesitan. Pero una crisis como ésta necesita un plan de mayor calado para solucionarla y los países ricos no pueden continuar ignorando sus propias políticas comerciales y agrícolas, las culpables de la desigualdad”, señaló el portavoz de Intermón Oxfam para la agricultura, José Hernández del Toro.
La organización mostró sus discrepancias con la declaración final de la Cumbre, la cual reconoce que los biocombustibles significan tanto “oportunidades y retos” y recomienda más investigación sobre su impacto. Oxfam asegura que los biocombustibles continúan provocando un efecto devastador en millones de personas pobres y que diversos estudios recientes sugieren que la demanda de biocombustibles es responsable del 30% del alza global de los precios de los alimentos.



